Diálogo de Perseo y Andrómeda

 


DIÁLOGO DE LOS PERSONAJES

NARRADOR: El pueblo etíope, asustado, pedía a su rey que les salvara de un terrible monstruo marino, un cetáceo de enormes dimensiones, que por mandato de un dios devastaba sus tierras y  mataba a sus gentes y a su ganado.

CEFEO REY: No os preocupéis pueblo mío, consultaré el oráculo y haré lo que sea necesario.

ORÁCULO: Rey desgraciado, sólo hay una posible salvación. Debes ofrecer a tu hija Andrómeda en sacrificio como víctima por presumir tanto su madre de la belleza de la joven. Deberá ser encadenada junto al mar y esperar la llegada del monstruo terrible para devorarla.

CEFEO REY: ¡Qué horror! ¡Qué dolor tan grande siento!, pero he prometido salvar a mi pueblo. La ataré junto al acantilado.

NARRADOR: Perseo en su camino de vuelta, después de cortarle la cabeza a la medusa,  mientras surcaba el denso aire, al pasar por la calurosa Etiopia, sorprendido por desgarradores gritos que pedían auxilio, divisó desde lo alto a una hermosa joven de rubia cabellera atada a una roca junto a la costa, expuesta a los peligros del profundo y violento mar. Empezó a descender y una gran pasión surgía en su corazón.

PERSEO: ¿Cuál es tu nombre, hermosa muchacha? ¿Quién  ha atado con tanta crueldad y dureza tus frágiles brazos a esa roca desnuda? ¿Quién te expone a los peligros de los monstruos que habitan el profundo mar? ¿Qué motivo puede existir para castigo tan monstruoso, olvidando tu belleza y juventud? 

ANDRÓMEDA: Soy Andrómeda, hija de Cefeo y Casiopea, reyes de este caluroso país que se llama Etiopía. Te ruego que no aumentes mi dolor y sufrimiento con tanta pregunta inútil. Sólo te diré que pago, por castigo de los dioses, una culpa que no es mía, sino de mi madre Casiopea.
 Por favor, date prisa y muchísimo cuidado. Cerca, muy cerca está la bestia.

PERSEO: Hablaré con el rey, antes de hacer nada, pero no te preocupes, no dejaré que ningún monstruo marino llegue a rozarte.

ANDRÓMEDA: Rápido, por favor. No puedo más.

PERSEO: Padre y rey desgraciado, yo libertaré a tu hija Andrómeda y la salvaré del monstruo que ya se divisa a lo lejos si me concedes que sea mi esposa.

CEFEO: Ve al instante y libérala a mi hermosa hija.

PERSEO: Mis sandalias aladas, me ayudarán a sobrevolar al monstruo y atravesarle con mis lanzas.

ANDRÓMEDA: Veo que se acerca el joven Perseo, se acerca y mi corazón está deseando que así sea. Perseo, lo has conseguido. Por favor, libérame. 

PERSEO: Te libero de tus cadenas hermosa Andrómeda y deseo hacerte mi esposa, vámonos muy,muy lejos de aquí, cerca de mi madre Dánae.

ANDRÓMEDA: Vámonos lejos.





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